Cómo una fintech redujo un 40 % su gasto en oficinas (y ganó más flexibilidad)

Desky
3 de julio de 2025
4 min de lectura
Cómo una fintech redujo un 40 % su gasto en oficinas (y ganó más flexibilidad)
Una fintech decidió abandonar el contrato fijo de su oficina y migrar a espacios flexibles. El resultado: menos gastos, más agilidad, y un equipo que trabaja mejor.

A comienzos de 2025, una fintech latinoamericana con más de 40 colaboradores enfrentaba un dilema silencioso pero cada vez más evidente: su oficina ya no representaba la forma en que trabajaban.

El contrato de 300 m² parecía, sobre el papel, un activo estratégico. En la práctica, era un espacio sobredimensionado para un equipo que solo iba 2 o 3 veces por semana y que en muchos casos trabajaba directamente desde otras ciudades.

El resultado: menos del 40 % de uso real.

Cada escritorio vacío era un recordatorio de lo ineficiente que se había vuelto ese esquema.

El problema: pagar por metros que nadie usa

El alquiler, las expensas y el mantenimiento representaban más del 8 % de los costos operativos fijos de la empresa.

En un mercado donde las fintechs necesitan moverse rápido, esa rigidez era un peso muerto. El costo no era solo financiero: también era cultural.

  • El equipo percibía la oficina como una carga más que como un recurso.
  • El espacio estaba asociado a obligación y gasto, no a colaboración ni encuentro.
  • Las decisiones de contratación estaban limitadas a quienes vivían cerca de la sede.

Lo que alguna vez fue un símbolo de crecimiento, se había convertido en un ancla.

La decisión: rediseñar el modelo de trabajo

En vez de renovar el contrato, el equipo directivo decidió hacer una pregunta clave:

¿Necesitamos una oficina fija, o necesitamos acceso a espacios que acompañen cómo trabajamos hoy?

La respuesta se transformó en una estrategia híbrida diseñada a medida:

  1. Acceso a coworkings flexibles para todo el equipo. Cualquier persona podía reservar un espacio profesional cuando lo necesitara.
  2. Presencia fija 2 veces por semana en una misma sede. Se mantuvo un punto de encuentro regular, pero acotado e intencional.
  3. Presupuesto mensual para quienes vivían en otras ciudades. Así, también podían acceder a coworkings cercanos, evitando desigualdades dentro del equipo.

Los resultados: números y cultura

El impacto fue inmediato:

  • 40 % menos de gasto inmobiliario mensual.
  • Cero metros cuadrados pagos sin uso.
  • Mejora en la percepción de bienestar, según encuesta interna.
  • Mayor asistencia a encuentros presenciales, porque ya no eran obligatorios sino diseñados con propósito.

Pero lo más importante fue intangible: el espacio volvió a estar alineado con la forma real de trabajar.

En vez de pagar por escritorios vacíos, la fintech invirtió en encuentros significativos y flexibilidad real.

Más allá del ahorro: un cambio de mentalidad

Lo interesante de esta historia es que el ahorro fue solo la punta del iceberg.

  • La empresa pudo contratar talento en otras ciudades, sin preocuparse por mudanzas ni traslados.
  • El equipo empezó a valorar más los momentos presenciales, porque tenían un propósito claro.
  • La cultura dejó de depender de paredes y metros cuadrados, y empezó a construirse en base a experiencias compartidas.

Este giro mostró que el verdadero poder de la flexibilidad no está en gastar menos, sino en usar mejor lo que se paga.

La gran pregunta que queda

Muchas compañías en LATAM siguen atrapadas en contratos largos con oficinas que ya no se usan como antes. Y, en paralelo, enfrentan costos crecientes y dificultades para atraer talento diverso.

La fintech de este caso encontró una salida que no fue mágica ni radical: simplemente empezó a hacer mejores preguntas.

¿Tu oficina actual se usa o solo se paga? ¿El espacio acompaña la forma real en que trabaja tu equipo? ¿Qué pasaría si el lugar de trabajo fuera un servicio flexible en vez de un contrato fijo?

El futuro del trabajo no está en tener más metros cuadrados, sino en tener espacios que respondan al uso real y a la estrategia del negocio.

El caso de esta fintech lo demuestra: rediseñar dónde trabajamos no siempre implica más presupuesto. A veces, solo implica cambiar la manera de pensar el espacio.

Y esa decisión, lejos de ser solo inmobiliaria, puede transformar la productividad, la motivación y la cultura de todo un equipo.